viernes, 20 de febrero de 2015
Las dos Copas del Rey
Tenía 14 años y una capacidad de impresionarme adolescente. En aquel tiempo todo era más grande y luminoso, y el mundo un territorio inexplorado, lleno de posibilidades.
Por todo esto, el fin de semana que me enamoré del baloncesto lo hice también de una chica rubia de la que no recuerdo más que su existencia. Se celebraba en la ciudad la Copa del Rey de Baloncesto, en un CID repleto de gente y expectativas. En aquel entonces el Granca era un equipo modesto, sin tanto impacto mediático ni políticos robaplanos, por lo que tener aquellos equipazos en la ciudad era una oportunidad única.
Pero volvamos al pibe adolescente, que en aquellas 72 horas de baloncesto vivía un cocktail de emociones difícilmente olvidables. En mi cabeza aún resuena los cánticos de la grada, las canastas imposibles de Mark Davis y la sonrisa de aquella chiquilla de la que no recuerdo ni su nombre.
De aquellos días no retengo más que sombras, el recuerdo borroso del que fui cuando todo estaba por hacer, y sin embargo permanecen en mi recuerdo con una intensidad asombrosa.
Este fin de semana se celebra en la misma ciudad el mismo torneo, con equipos distintos y en distinto escenario. Las mismas cosas con el paso del tiempo nunca son iguales.
Yo mismo, que en esta ocasión seguiré el torneo desde casa, ya enfilo los cuarenta con preocupante cercanía. De aquel chiquillo impresionable apenas quedan restos (un pijama de IronMan y otras cuantas cosas que no confesaré) pero me resulta imposible no vivir la Copa en este momento de mi vida con la nostalgia de aquella otra que ya no volverá.
Así que la disfrutaré desde el sofá y entre los juegos enredados de mis hijas, asociando estas canastas de Rudy o Tavares con aquellas otras que resuenan en mi cabeza, y este fastuoso Gran Canaria Arena con aquel humilde CID en el que aquel niño se hizo un poco más hombre.
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