miércoles, 22 de octubre de 2014

Sobre la pobreza infantil y la de espíritu


Ayer, Pedro Sánchez planteó en el Congreso su preocupación por la pobreza infantil. No sé a ustedes -puedo suponerlo- pero a mí se me encoge el alma de saber que ha aumentado el número de críos en nuestro país que no cubren sus necesidades básicas.
Según me cuenta alguien relacionado profesionalmente con muchos colegios de la isla, varios directores de centros le han transmitido el drama cotidiano de niños que no llevan al colegio desayuno. No tienen para comer, y al parecer muchos profesores diariamente abonan lo necesario para que los críos puedan hacerlo.
Este punto de partida abre muchos debates, de orden económico, moral o sociológico, pero mis intenciones hoy no van por ahí. Empezaba el post contándoles que el nuevo coordinador socialista planteó ayer en el Congreso este delicado tema, lo que no terminé de decirles -malditas digresiones- es que la reacción de los congresistas populares fue reírse y levantar la voz, como si Sánchez hubiese tomado la palabra para protestar por la negativa de Messi a ser cambiado por su entrenador.
Miren ustedes, no soy una persona que se caracterice por el temple o la mesura, de la misma forma que el vuelo de una mosca puede cabrearme si estoy relajado, la risa de mis hijas me puede hacer llorar, soy un tipo sensible, qué sé yo, y cuando escucho estas cosas me duele hasta el último de los huesos. Hubiese aplaudido con deleite -sí, soy un  reaccionario- si en ese momento un grupo de padres hubiese asaltado el Congreso y apalizado a los insensibles políticos que se mofaban de algo tan serio.

A Borges le dolía una mujer en todo el cuerpo, a Unamuno le dolía España, y a mí...a mí me duele intensamente que mis hijas hereden esta tierra zafia y sin esperanza. Sólo me queda confiar en que su trabajo y una dosis conveniente de azar les ayude a sobrevivir en este tramposo y deshumanizado mundo.

Y a ustedes, dolientes lectores de este blog escrito desde la rabia y el inconformismo, recordarles que siempre podremos decir que no queremos esto, que esas risas despiadadas tienen votos detrás y podrían no volver a tenerlos, que alguien que hace mofa del hambre infantil sólo merece el olvido, el desprecio y el más doloroso de los castigos.


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