jueves, 23 de octubre de 2014
El sentido de las cosas
Tengo la absurda manía de buscarle sentido a las cosas. A menudo reviso los días o las nuevas situaciones que me presenta la vida intentando escrutarla, llenarla de sentido. Incluso en los detalles más mínimos procuro tener una cierta sensación de control: mi despacho -por ejemplo- tiene un orden milimétrico, los montones de papeles se alinean perfectos, cada cosa en su sitio y cada sitio ordenado. Mi despacho es una bonita mentira.
Yo sé que la vida es caos, que la sensación de control que calma mis desvelos o que puedas adquirir tú, piadoso lector, es una burda patraña. "Dust in the wind -repite angustiosamente la canción- all we are is dust in the wind"... también sé que vivir es una batalla perdida en cuanto todo lo que hagas, pienses o sueñes acabará algún día, pero me aferro a la vida y a cada mañana como un vagabundo a su botella.
La vida no tiene sentido, las cosas no ocurren por algo ni participo de este teatro con una misión excepcional, pero esta es la tierra que piso y a ella me aferro, ayer, hoy y siempre. Es lo único que tengo.
miércoles, 22 de octubre de 2014
Sobre la pobreza infantil y la de espíritu
Ayer, Pedro Sánchez planteó en el Congreso su preocupación por la pobreza infantil. No sé a ustedes -puedo suponerlo- pero a mí se me encoge el alma de saber que ha aumentado el número de críos en nuestro país que no cubren sus necesidades básicas.
Según me cuenta alguien relacionado profesionalmente con muchos colegios de la isla, varios directores de centros le han transmitido el drama cotidiano de niños que no llevan al colegio desayuno. No tienen para comer, y al parecer muchos profesores diariamente abonan lo necesario para que los críos puedan hacerlo.
Este punto de partida abre muchos debates, de orden económico, moral o sociológico, pero mis intenciones hoy no van por ahí. Empezaba el post contándoles que el nuevo coordinador socialista planteó ayer en el Congreso este delicado tema, lo que no terminé de decirles -malditas digresiones- es que la reacción de los congresistas populares fue reírse y levantar la voz, como si Sánchez hubiese tomado la palabra para protestar por la negativa de Messi a ser cambiado por su entrenador.
Miren ustedes, no soy una persona que se caracterice por el temple o la mesura, de la misma forma que el vuelo de una mosca puede cabrearme si estoy relajado, la risa de mis hijas me puede hacer llorar, soy un tipo sensible, qué sé yo, y cuando escucho estas cosas me duele hasta el último de los huesos. Hubiese aplaudido con deleite -sí, soy un reaccionario- si en ese momento un grupo de padres hubiese asaltado el Congreso y apalizado a los insensibles políticos que se mofaban de algo tan serio.
A Borges le dolía una mujer en todo el cuerpo, a Unamuno le dolía España, y a mí...a mí me duele intensamente que mis hijas hereden esta tierra zafia y sin esperanza. Sólo me queda confiar en que su trabajo y una dosis conveniente de azar les ayude a sobrevivir en este tramposo y deshumanizado mundo.
Y a ustedes, dolientes lectores de este blog escrito desde la rabia y el inconformismo, recordarles que siempre podremos decir que no queremos esto, que esas risas despiadadas tienen votos detrás y podrían no volver a tenerlos, que alguien que hace mofa del hambre infantil sólo merece el olvido, el desprecio y el más doloroso de los castigos.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Sobre la página en blanco
Me asomo a la página en blanco de este blog sin demasiada convicción, con más dudas que certezas. Hubo un tiempo en el que este blanco reluciente fue el mejor confesor de mis demonios, un lienzo limpio que invitaba a soltar lastre. En aquel entonces las canciones me nacían como hijos, sin pensarlas o buscarlas, como una extensión de mí mismo que brotaba con total normalidad.
Fueron años de descubrimiento y comunicación, aquellos garitos a media luz de Las Palmas acogieron mis verdades (o mis medias mentiras) en forma de canción. El mundo era un lugar más ventilado en cuanto era capaz de verbalizar mis fantasmas. Pero un buen día -ya lo avisaba la siniestra corneja- aquella terapia disfrazada de canción se fue al carajo de la misma forma que llegó. Recuerdo tener la hoja delante de mí y la guitarra en mi regazo, como tantas otras veces, pero también recuerdo la zozobra y el desconcierto de que no pasara nada. Algo acabó aquel día.
La vida funciona un poco así. Hay fronteras invisibles que crucé sin percatarme, costumbres arraigadas que un día murieron y se sustituyeron por otras; aquella persona que amaste se marchó, como el amigo de la infancia o el libro que terminaste entre lágrimas, como la universidad y su alegría eterna, y como todo lo que algún día pensaste que sería irremplazable, pero no lo fue. Las cosas acaban para que empiecen otras, es la única terapia posible y el modo de evitar la locura.
Hoy nace este blog como aquel día las canciones, sin garantía de continuidad ni más sentido que la necesidad de romper este blanco perfecto. Y tú, posible lector de estos desvelos, sé bienvenido a esta casa mientras dure, descálzate y ponte cómodo.
Y mañana ya veremos.
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