viernes, 25 de mayo de 2018

Eternidades de bolsillo


De la misma manera que no hay nada más razonable que una duda, no hay nada más absurdo que una convicción. La vida pasa y gira y transforma, pero seguimos desarrollando la dudosa capacidad de concluirlo todo, etiquetarlo, asumirlo como definitivo. "Este es mi amor, y lo será para siempre", decimos poseídos por el frenético galope de la pasión, la fiebre de creer haber encontrado en otros ojos el camino, el tiempo y el futuro. Es imposible entender otro mañana que no contemple esta devoción absoluta, esta humedad en la piel al olerla, pensarla o tocarla. Y creemos verdaderamente que toda la poesía del mundo, las melodías más hermosas y esta emoción inconfundible serán compañeros eternos. Pobre, torpe ser humano.

Con las ideas ocurre algo similar. Algunos días -los menos- me paro a reflexionar sobre algo en lugar de disparar a las primeras de cambio. Procuro en estos casos no pensar con prisas, buscarle la trampa a cualquier posicionamiento, darle la vuelta, evitar los absolutos, en un sano ejercicio de relativismo que desemboca en conclusión. Sin embargo, suele ocurrir que a los pocos días nada queda de aquella convicción, y es otra la idea que brilla en mi cabeza, desterrando a aquella primera a la que me aferré tras pensar y repensar.

He acabado por darle una importancia igual a cero a mis convicciones, especialmente a las que atañen a emociones y posicionamientos. Clasificar la vida y a nosotros mismos es un ejercicio absurdo.

Pero hay algo de lo que sí me fío, curiosamente. Una día cualquiera puede contener un rato de luces y otro de sombras, ante lo cual llegarán la duda y la cavilación: y ahora, qué pienso? Cómo interpreto esta jornada, de qué manera concluyo lo vivido? No hay más respuesta que la distancia, un pequeño sorbo de tiempo para encontrar la respuesta.

La única convicción que contemplo a mis 42 primaveras es la que me late en el pecho, la que se mantiene después de la tormenta y reluce de forma inconfundible. No aspiro a ninguna eternidad de bolsillo, asumo vaivenes y tormentas, subidas y caídas.

Soy este que escribe ahora y que mañana será otra cosa, inconfundible hoy en mi ánimo de Viernes, desconocido mañana en lo que tiempo y azar quieran ponerme en el camino.





1 comentario:

  1. ¡¡¡Gracias!!! Por esta reflexión, o como quiera usted llamarla, tan contundente sobre lo que es relativo. ¡¡¡La primera frase es para enmarcar!!!

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